sábado, 6 de junio de 2009

EL TOPO

Nunca hay tiempo para nada que no sea la rutina, aunque suena a excusa, y muy probablemente sea verdad, siempre me decía a mi mismo: el día que esté en paro acabaré la novela, me pondré en forma con un poco de ejercicio, sacaré del huerto hasta petróleo y no sé cuantas promesas más. Lo curioso de todo esto es que siempre he sido fiel a mi palabra, lo que puedo asegurar sin embargo, es que a mí, sí me falto a la palabra dada, después de trece años por fin saboreo los frutos del paro, cobro sin trabajar, y eso sin ser rico ni funcionario. Poco es lo que he hecho en tres meses de mamar de la teta del gobierno, bueno, con una excepción, al huerto si le he metido mano.

Veinte metros cuadrados de tierra, como el salón de un piso normalito, o tres cuartos de piso de los necesarios según el gobierno para las nuevas familias, o la mitad del cuarto de baño de cualquier vecino según los anunciantes de limpiadores de azulejos, que no sé en qué país viven.

Muchas horas de trabajo al sol, lo labré a conciencia, le saqué las malas hierbas, lo aplané, preparé los surcos y planté de todo: cebollas, lechugas, escarolas, habas, calabacines… ¡un primor!, todo regadito. Un dineral me costó cambiar la reja y hasta puse flores en la entrada, esplendoroso.

La primera sorpresa fue una planta de acelgas que estaba mustia cuando el día anterior decía cómeme, pensé que había enfermado y no le di mayor importancia. Al día siguiente, la que parecía enferma era su hermana y la primera se me quedó en la mano al cogerla, ¡no tenía raíces!. Topos.

A decir verdad, a mi las acelgas me la traen algo así como muy floja, siempre las he encontrado insípidas, además, ¡que carajo!, el campo está lleno, así que cuando me piden, sólo tengo que apartarme cien metros del camino y recoger todas las que quiera.

Lo que ocurrió, es que el maldito topo, después de cepillarse en tiempo record las acelgas le metió mano, en este caso hocico, a las escarolas y eso me tocó los…, bueno, que ya no me hacía gracia. Así que pedí consejo, porqué yo de mi trabajo lo que queráis, pero del huerto, como que no. El amigo Amadeo me dijo que regara, que no les gusta el agua, pues el agua no sé, pero de cebollas y escarolas no dejó ni una pasado quince días. Y yo venga regar, hasta que después de una regada donde el agua se iba toda por los agujeros me dije: o está nadando o ha puesto una alfarería con tanto barro, así que yo, todo ufano, sabiéndome más grande y fuerte que esa rata subterránea me adentré en mis dominios, o sea, en mi huerto.

Para mi sorpresa, el suelo cedió a mis pies hasta la altura aproximada de mis atributos, que por suerte y debido a la poca velocidad del hundimiento no quedaron a la francesa, es decir: rotos, batidos y escaldados. En ese instante me volví por unos momentos católico, por lo menos en recuerdo; recuerdo haber mencionado la virgen con adorno, a San Pedro y a San Apapurcio, mi favorito para estas ocasiones tan especiales.

Llegados a este punto, como ustedes entenderán ya era personal, porque, que te coma las plantas, pase, que vayas a recoger un ajo porro y descubras que el muy cabrito, perdón, que el muy topo se lo ha comido entero, que ha subido por el tallo hasta arriba, pase, pero tirarse toda la tarde del domingo limpiando el coche de barro, te da mucho tiempo para pensar en venganza.

Pensé en clavarle astillas, en asarlo a fuego lento, en ahorcarlo, hasta en meterle una bengala por el culo y encenderla, pero todas aquellas intenciones que me dibujaban una sonrisa maquiavélica, tenían una pequeña dificultad: pillarlo vivo.

Dada la complejidad de aprisionarlo, pasé a las enseñanzas de Pius Font i Quer, el cual indicaba que la Datura, conocida por estos lares como “Estramoni”, es mano de santo para los topos, la planta no les gusta a estos insaciables roedores, ¡y es verdad!, lo comprobé cuando las puse y crecieron hasta el metro de altura, efectivamente no les gusta, vaya, que no las tocó, ahora bien, las raíces de las habas y de los calabacines debía ser para él como “nouveau cuisine”, porqué no dejó ni el agujero.

Por las noches soñaba con el bicho que se reía de mí, en mi huerto, comiéndose mis lechugas que plantaba. Nada que hacer, estaba resignado como un Napoleón cualquiera a punto de firmar la rendición y asumir su retiro a la seguridad del asfalto, dejando la tierra a personas más avezadas en eso de sacar frutos a la madre naturaleza.

Así que ya sin escarolas, ni habas, ni calabacines, ni cebollas, ni dignidad y con mi autoestima por los suelos por el fracaso de mi último intento. El cual consistió en atrapar una serpiente verde y dejarla suelta en el huerto, pero este plan tenía un pequeño fallo, mi vecino de huerto y amigo Amadeo no soporta las bichas, así que en cuanto la vio, la bautizó con la azada y toda su fuerza…, descanse en paz. Como iba diciendo, decidí regar las cuatro lechugas, las tomateras y los pimientos con la esperanza que el topo las narices no le gustara el nuevo menú. Y última sorpresa, nadando entre el cauce del riego: el topo. ¡Joputa! Ya eres mío, pensé, o quizás lo gritara, es igual, todas aquellas pesadillas, todas aquellas plantas que dieron su vida, todas aquellas horas arrodillado sacando gramalla y giba, por fin tuvieron razón de ser: la venganza.

Cogí a la bestia con dos dedos por detrás, como se hace con los gatos, primera decepción, era pequeño como un ratón de esos blancos que crían los niños. A estas alturas, ya me había imaginado un topo-rata de tamaño “guinness” de los records, con dientes afilados y espuma en la boca, y en vez de eso, tenía ante las manos una versión del topo Gigio con ojos negritos, empapado y asustado, los grititos que emitía de ayuda me acabaron de robar el corazón, se acabó la venganza antes de comenzar.

Lo salvé de un colega de huerto que insistía en espachurrarlo contra el suelo a fin de que no pudiera hacer más la puñeta, lo llevé a casa, allí no se daba crédito, mi hija le hizo una foto porque era muy bonito, mi mujer: que parece mentira la que he liado por un animalito tan lindo y pequeño, esto último de pequeño remarcándolo y hundiéndome de paso en la miseria, y el niño pequeño cogiéndolo entre sus manos y acariciándolo como si de un Hámster cualquiera se tratara.

En fin, que tuve que ir con el niño a dejarlo libre en el campo cerca de casa, ante el disgusto del pequeño, que no entendía por qué no nos lo podíamos quedar. Después subí a casa y me reconforté pensando que no siempre gana el más grande ni el más fuerte, y dejemos lo del más inteligente porque aun no me he recuperado anímicamente, entonces es cuando volvió mi mujercita a la carga:

- ¿Qué? –me dijo- ¿Cómo lo has pillado?.
- En el riego –le contesté-.
- si que va a ser del riego, sí. -respondió ella mirándome-.

lunes, 27 de abril de 2009

ROSA ROSITA


¡Hay Rosa Rosita!, que tengo triste el corazón.
I això?, no ho diguis, que sempre hi ha solució.
Pero es que yo estoy como el batallón que la mierda engulló.
Diguem el pesar del teu cor, i veuràs com trobarem en la amistat la claror.
Muchas penas me afligen y no encuentro el remedio para los sufrimientos.
Diguem dons, la primera que t’oprimeix la ànima i amb paraules, ¡l’enviaré a la mort!.
La academia no me gusta y no estudio con vigor, sólo bailo y bailo sin fin para los duendecillos verdes esquivos, que me miran escondidos entre las plantas y me ven feliz mientras danzo.
Et contaré l’historia de Maria i la seva cançó, també feia el que li agradava amb constància i alegria, i així va ser feliç.
¡Que bien Rosa Rosita!, con tenacidad la María a su alborozo se abandonó y la ilusión abrazó.
Com la Maria, tu també pots amb el teu art enlluernar.
Pero, ¡hay Rosa Rosita, ¿y mi corazón?.
¿Què tens amic al cor?, ¿potser no impulsa la sang a la resta del cos?.
Dejará de latir por un amor que una vez vi, y que no puedo encontrar por mucho rebuscar.
Bategarà sempre amb el record, igual que la lluna sempre surt sense atrapar el sol.
¿Y qué tiene que ver la Luna con este desamor?.
T’explicaré l’historia de la “Luna Lunita” que mai veu el sol.
¡Hay Rosa Rosita!, veo que mi tristeza no es la única y hasta mi satélite padece males del corazón.
El món, la lluna i fins i tot el sol, tenen penes d’amor. Tu, amic meu les superaràs amb el meu consol.
Gracias Rosa Rosita, aunque mi mejor amigo me escucha y no sabe de pasión, sólo mira sin ilusión.
¡Conta’m coses del teu amic!, ¿Qui és que no et contesta quan li obres el cor?.
Es un oso de peluche que siempre tuve en mi habitación, y triste es que de mi vida sea lo mejor.
¡No “pasa” res, amic meu!, jo no t’he parlat de la meva nineta estimada, que a les nits encara escolta la meva xerrada. I també de la Ramona i la seva cassola, que en vida i mort la va acompanyar.
Me dejas tranquilo, pues los loqueros pensaba visitar, pero aún no puedo descansar.
¿I Dons?, ¿encara més penes he de curar?.
¡Hay Rosa Rosita!, que soy yo quien lo hace mal.
¿Què fas, què embruta el teu esperit i no es pot rentar?.
La envidia es mi pecado y eso no se puede cambiar, tengo un conocido rico que todo lo que quiere le dan.
La vida et pot ensenyar, jo tenia una amiga que engolia bombons sense parar i mai els vaig poder tastar.
¿Y qué hiciste?, Rosa Rosita para matar el malestar.
Aquesta és la història de la favorita del mestre i els bombons màgics que a la seva amiga mai no em va donar.
¡Hay Rosa Rosita!, sólo una cosa me queda por dar, un beso por cada ciclo solar.
¿I a qui els donaràs?.
A mi amiga del corazón que sesenta ha visto acabar, que con cuentos que no son cuentos me fortalece el amor. Sólo temo que no la encuentre cuando la llame. ¡Hay Rosa Rosita!, ¿cómo te he de llamar para que me oigas?.
No més has de cridar: Homaneta verda ¿Que hi ets?...

Para ver las historias de esta narración entra en cuentosquenosoncuentos.


jueves, 2 de abril de 2009

UNA DE JUTGES


Cas: la mare porta una bona estona renyint al nen de vuit anys per que no fa els deures del col·legi, la criatura s’enfada i la engega, després li llança una espardenya i es tanca al lavabo. La mare entra encesa i li fot un clatellot (amb tanta mala sort, que es va donar un copet i va sagnar una miqueta). Fins aquí, res que no hagi passat a gairebé qualsevol casa d’aquest país. El normal, és que la cosa acabi aquí. Tret que hi hagi un maltractament habitual del nen (que no era el cas),i acaba per que les famílies s’estimen tot i aquestes esbatussades entre pares i fills. Però vet a aquí que el mestre de l’escola el porta al metge (tot i que les lesions no eren importants) i es fa una denuncia de maltractament. He de dir que la actuació del mestre i del doctor és la apropiada, donat que tractant-se d’un nen sempre és millor assegurar-se. Això arriba a un jutge (no sé si amb fills) que va dictaminar en un judici: quaranta-cinc dies de presó per a la mare i un any d’allunyament del seu fill.

Quan és fan les Lleis, s’hauria de tenir en compte que un jutge les pot arribar a utilitzar, suposadament per protegir a algú, en aquest cas parlo de defensar la integritat física dels nens. Crec sincerament que és veritat, als nens no se’ls ha de picar, però pot ser, es fa un gra massa quan confonem un clatellot amb una pallissa. De partida, estic segur que li va fer més mal a la mare quan el va picar que no pas al nen. D’altra banda no tots els nens reaccionen de la mateixa manera, hi han que només renyar-los es frenen i rumien sobre el que han fet malament, d’altres no. La sentència estableix que el nen es problemàtic (no faré comentaris, tothom sap que vol dir això) però que el càstig físic no està permès. Llegint això, el primer pensament que se te’n creua pel cap es posar-se com a pare d’una criatura “problemàtica”, a la qual intentes castigar per portar-se malament, però clar, com que no fa cas, perquè hauria de complir el càstig; per exemple: sense ordinador, resposta: que t’ho creus. I si un dia et tira una sabata i no fas res, que li impedirà un altre dia tirar-te un got o clavar-te un ganivet.

Un altre cas: el menor (sense carnet de conduir, evidentment) agafa el cotxe del pare, atropella a uns quans vianants i mata a una noia de catorze anys, segons la sentència no passa res, per que seria contraproduent “castigar-lo”. Suposo que no ha demanat la opinió dels pares de la noia morta, ni dels que va deixar coixos.

Crec que els jutges s’estan equivocant quan fan aquestes sentències. Es prioritari protegir als nens, i això no ha de canviar mai. Però també s’ha de protegir a la futura societat del nens d’avui, i dic això per que em faig un parell de pregunta: ¿Què ensenyem als nens quan alcen la mà en contra dels seus pares i no els podem castigar?, ¿Què ensenyem als nois quan agafen un vehicle sense permís, atropellen i maten a d’altres persones i es troben amb la impunitat judicial?.

Espero que aquestes sentències i d’altres semblants no estiguin creant monstres, ja he escoltat històries de menors en aquest sentit, respostes com ara: no em toquis que et denuncio.

Acabo: picar a un nen no ha de ser un recurs, però entenc que de vegades –i segons el nen- un clatellot a temps estalvia mals majors, com ara enterrar una nena de catorze anys o criar carn de presó.

EL SETRILL


Qualsevol temps passat es millor. Aquesta afirmació no sempre és certa, tan mateix, un avi com jo només pot fer passar el temps recordant-se del ahir. Escolteu sis plau la meva història. Ja sé que teniu coses millors a fer, però que voleu, jo no en tinc de nets propis. Vaig néixer, si es pot dir així, fa un munt d’anys. Mon pare em va vendre per dos conills, tres dotzena d’ous i un pernil curat. Us ven asseguro que va ser un preu desorbitat. Però que he de dir, jo, era la nineta dels seus ulls. Recordo que va deixar anar una llàgrima quan se’n van emportar.

El Joan, va ser qui em va duu a casa seva. Volia un regal d’allò més maco per la Montserrat, la seva dona. Així que el dia del seu aniversari va entestar-se a fer el sopar. Unes torrades amb pernil. Quan la mestressa li va demanar l’oli per sucar la torrada, en comptes de la vella gerra de fang plena, em va treure a mi. El mateix Joan havia aixafat arbequines per omplir-me d’or líquid. Va ser el moment més emocionant de la meva existència. La Montserrat mai havia vist un setrill de vidre, tot i que n’havia sentit a parlar. Tan mateix, a les contrades, cap de les seves amistats, ni tan sols de les conegudes d’església, en tenia un com jo. Allò em convertia en poc menys que un tresor. L’endemà, la Montserrat es va dirigir cap el poble a comprar-me un plat d’argila. ¡Que en feia de goig!. Era un plat amb flors dibuixades amb molta cura. El Joan no és va enfadar, ven al contrari. Tot i que era una despesa supèrflua, la trobà ven encertada. Ell mateix va anar als boscos del est a agafar una mica de suro. Aquell mateix vespre em van engalanar amb un tap fet amb molta estima. Del mateix amor que se’n tenien la Montserrat i el Joan.

Sempre vaig conservar el mateix suro. Durant mols anys, cada vespre els acompanyava el sopar. Primer a tots dos sols. Desprès a la Maria, el Francesc i el Jordi, ses fills. En Joan va morir lluitant a la guerra del Francès, el seu cos va quedar al lloc. A partir de les hores, la Montserrat va vestir sempre de negre. Sempre callada, sempre malenconiosa. El Jordi va fer un petit cenotafi al darrere de la casa. A dintre van posar les pertinences més estimades del Joan. Entre elles la barretina de festa, la pipa i un ullal de porc senglar, que ell va matar quan era jove. El capellà del poble, al final d’un estira i arronsa, es va avenir a fer una missa de difunts a la casa. Es veu que no volia que fiquessin cap estri a dintre del taüt. Deia no sé que, de sacrilegi.

El cas, és que la Montserrat va tornar a somriure. Ningú sap, ni tan sols jo, si va ser per la missa o per la arribada dels primers nets. Fos com fos, va tornar a fer-se càrrec de la casa. Si més no, del que la seva jove la deixa fer. La Neus, era la muller del Francesc i era una dona dominant. Per la seva banda, la Montserrat la deixava fer. Era conscient que s’estimaven, i per ella, era el més important. Així que la ajudava a fer les feines de la casa, però sobre tot, feia d’àvia. Cada vespre sopava sola. Em reclamava i s’anava al darrera de la casa, de vegades per amanir un enciam, de vegades només per rajà oli a un bocí de pa. El Francesc, li va fer un cobert amb un petit foc a terra per que no agafés fred a l’hivern.

Era primavera. La Montserrat estava asseguda a sota del cobert. Va tombar-me al damunt de una llesca de pa torrat amb una forta olor d’all. Jo vaig deixar anar el fluid, com sempre. Va ficar-me al meu plat, el que em va comprar feia més de cinquanta anys. I es va quedar adormida, recolzada a la taula. Si més no, això creia. Al matí, el Francesc la va trobar. Tenia els ulls oberts. Em mirava. Una gota d’oli es va escapolir del galet. El Francesc ho va veure. És igual, ¿no creureu també vosaltres que un setrill és capaç de plorar?.

Ara el cenotafi, per fi, es una tomba. Jo faig companyia a la Montserrat. Em van ficar ple d’oli al costat d’un pa, que els cucs ràpidament van fer via. No penseu pas que es un lloc trist per acabar. Enteneu-me, ¿a qui no li agradaria terminar al costat de la persona que més l’ha estimat?.

VIOLENCIA DE GÉNERO


Escrito publicado a raiz de la aprobación de la Ley de Violencia de Género


Parecía imposible en este país en el que cada cual se autodefine nacionalista, centrista, comunista, socialista, republicano, monárquico y si me apuran aún quedan de los anarquistas y los de una grande y libre. Pues todos ellos van y se ponen de acuerdo y me aprueban por unanimidad la Ley contra la violencia de género, entonces aquí el abajo firmante se la mira, remira y dice que NO. Ahora no me malinterpreten todas las personas que puedan sentirse aludidas, yo soy el primero en afirmar que se debía haber tomado soluciones a la violencia doméstica mucho antes, pues para mí, la violencia no es jamás un recurso. Cuando una digamos “persona” utiliza su fuerza física o su mala leche sicológica para anular a su pareja, pido y exijo que todo el peso de la justicia –que no de la Ley- caiga encima suya. Es mediante el respeto que una unidad familiar puede avanzar y evolucionar. En tal caso, dirán ustedes, a que digo NO. Observen atentamente de que estoy hablando “Violencia de Género” es decir, de un sexo hacia el otro, algunos más recatados hablan de “Violencia Doméstica” es decir, dentro del hogar. Pues bien, si hablamos de violencia de sexos o violencia en el hogar, ¿porqué se excluye a los hombres de la Ley?, que irrumpa en voz alta aquel que no conozca un caso donde el humillado, donde el maltratado, donde el ofendido y en definitiva donde la víctima del hogar, la víctima de la violencia de género sea un hombre.

He leído excusas tan brillantes como que el 90% de las denuncias son puestas por mujeres, he aquí un razonamiento, excluyamos de sus derechos a todos los que no estén dentro del 90%, esto es: homosexuales, minusválidos, negros -perdón, personas de color-, mormones, etc. Mientras escribo este alegato, tengo en la mesa una copia de la constitución española, -para sorpresa de alguno/a, afirmo que la he leído- paso a transcribir: Aprobada por las Cortes el 31 de octubre de 1978, Capítulo segundo “Derechos y libertades” Artículo 14. Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Si la constitución nos dice que todos somos iguales, a que viene hacer una ley que discrimina al hombre respecto de la mujer, acaso ¿cuándo nos golpean, no sangramos?, ¿cuándo nos engañan, no entristecemos?, entonces si somos iguales, yo pido lo que es lógico, que la ley proteja al más débil, independientemente de su sexo. La mujer maltratada tiene a su disposición un sueldo, una casa de acogida y el apoyo de la sociedad. El minoritario hombre maltratado debe marcharse sin tener a donde ir, sin recursos y escarnio de otro machos ibéricos que no entienden que a veces es el marido la persona débil.

Debemos tener en cuenta las posibles consecuencias de nuestros actos como sociedad en los jóvenes, se ha detectado que es la mujer la que se decide por el divorcio a la primera discusión. La ley protege la mujer en caso de divorcio, otorgándole la casa, el contenido y la custodia de los niños, bienes que en muchos casos son aportados por el marido al matrimonio. ¿No estaremos creando monstruos?, hoy en día los hombres jóvenes son reacios al matrimonio, ¿hay alguien que se sorprenda?. Yo sólo pido que se estudien los casos individualizadamente, y que se tomen soluciones adecuadas a cada caso, de lo contrario, dentro de poco deberemos pedir perdón por llevar el estigma de ser varones.

El sallentino siempre ha luchado por sus ideales y por la igualdad, fue un hombre de este pueblo el primero que consiguió tener una paga de viudedad, algo hoy en día habitual, pero que no se otorgó hasta que este individuo anónimo luchó por lo que creyó una desigualdad. Son personas como ella las que hacen que la sociedad evolucione hacia mejor, eliminando barreras discriminatorias.

Quiero concluir con una exposición simple de lo que pienso, punto uno: La violencia física o síquica no es jamás justificable. Punto dos: Es la educación de padres y de la sociedad la que debe encaminarnos a una igualdad entre hombre y mujer en todos los aspectos. Punto tres: Las leyes -y la justicia- deben estar en consonancia con estos principios. Punto cuatro: Todos los individuos –como yo ahora- tienen derecho a expresar su opinión sin miedo a represalias. Conclusión final: sólo pido que esta ley, defienda también a los hombres maltratados en las mismas condiciones que lo hace con la mujer.

ANTOLÍN

Era un día de verano, estaba viendo obras por la Anoia, en una zona donde la cobertura del móvil depende de cinco metros. En un desplazamiento oí el inconfundible pitido que me indica que tengo mensajes, lo saqué del bolsillo y lo miré, me sorprendí y asusté, quince mensajes en catorce minutos. Tenía a mi compañero de vacaciones y sospechaba que tantas llamadas sólo podían tener un significado: un accidente muy grave. Llamé al 123 y mis temores se confirmaron, uno de los mandos más importantes de la empresa dejó el primer mensaje: Juan Manuel, llámame inmediatamente, ha habido un accidente.

No debía decir más, de ser un accidente leve, como un hueso roto o algo menos estridente sólo habría una o dos llamadas, tres a lo sumo. Busqué un lugar elevado desde donde llamar, las rayas de cobertura se iluminaron totalmente y telefoneé. No tenía que decir nada, mi número está en la memoria de todos los mandos. -Hola Juan Manuel – el saludo ya me informaba, en vez de buenos días, un frío hola. –Ha ocurrido un accidente eléctrico-. Pude meter baza. -¿Quién?. Respuesta seca – Antolín-. -¿Cómo está?- hice la pregunta con el corazón en un puño, el operario es de trabajos en alta tensión y una gran persona.- Se lo ha llevado la ambulancia-. Respiré algo mejor, una ambulancia era indicio de que seguía vivo, después más explicaciones, más llamadas, debía ir a buscar a Gloria su hija al trabajo e informarla.

Por fin localice la tienda donde trabaja, está en Manresa a unos 50 Km. de donde me encontraba cuando me enteré, nadie había querido informar a la familia, me tocaba a mí, como siempre. Entré en la tienda y pregunté por ella, me presenté y se lo comuniqué de manera escueta, impersonal: -tu padre a tenido un accidente y está en el hospital-, palideció, parecía que le fallarían las piernas pero aguantó, es una chica dura, como su padre. Cogió el bolso, le indiqué que yo la llevaría, no es cuestión de que cogiera su coche, subió al vehículo; despertó del shock y ahora comenzaba la batería de preguntas, muchas de las cuales yo mismo me hacía: -¿Cómo está?, ¿Qué ha pasado?, ¿está bien?-. Yo no tenía las respuestas, ni nadie de la empresa, sólo los médicos que habían atendido a Antolín desde que lo bajaron de la torre de alta tensión y se lo llevaron vivo, las desconocía pero intenté calmarla: -Que se lo haya llevado la ambulancia es malo, que esté en Manresa es bueno-.

Llegamos al hospital, dejé el coche en el aparcamiento y la ayudé a llegar, le temblaban las manos y aguantaba unas lágrimas que se adivinan en sus pupilas, no obstante, andaba firme, segura. Me descubrí ante su arrojo, su determinación, es pastada a Antolín. Nos plantamos delante del despacho del doctor, le informé una vez más: -lo que diga el doctor sólo es para ti, a mi me gustaría estar, pero tú decides-, ella asintió. Primera sorpresa, la doctora es una amiga mía, me preguntó si era mi padre y le expliqué los detalles, la doctora, como buen profesional le comentó una vez más que yo sólo puedo estar allí si ella lo autorizaba. Respondió con frases precisas, sin derrochar voz ni palabras inútiles, otra vez volvió a suscitarme asombro, donde la mayoría de personas llora ya y apenas balbucean monosílabos, ella demostró sus genes.

Se sentó, yo permanecí de pie a su lado, Montse, la doctora, nos hizo saber que ya no se encontraba allí, lo habían transportado a la “Vall d’Ebrón” en helicóptero, se me escapó una mueca, di gracias que Gloria no me hubiera podido ver, en este momento se escaparon las primeras lágrimas de una hija por su padre. Montse siguió explicando las curas que había realizado y de su estado que se resumía en: vivo pero grave. El siguiente paso era localizar a Sofía, su mujer. Inmediatamente me ofrecí para llamarla, para informarle. No fue necesario, ella decidió telefonearla, estaba en Manresa, la recogimos. Enseguida comprobé que es más afectable, aunque era previsible. En el vehículo, por fin ambas se descargaron de la tensión acumulada, aunque era increíble ver la entereza de Gloria consolando a su madre.

Los días siguientes fueron de una angustia humana indescriptible, la vida de Antolín pendiente de que la hiladora acabara de sesgar aquel hilo de vida dañado al que se aferraba: quemaduras internas y externas, afecciones de órganos imprescindibles para la vida, amputación del brazo y por encima de todo… la esperanza. Su mujer, sus hijas, rezando todo el tiempo, robándole horas al día para seguir suplicando al todopoderoso. Se sucedieron mis visitas a la familia, comidas en el lúgubre restaurante del hospital, infundando ánimos a Sofía, consolando a la pequeña y diciéndome a mí mismo que hoy era el día, que hoy despertaría y que los médicos sonreirían para decir que estaba fuera de peligro; otra vez el anhelo, la fe en su fortaleza, en la de su familia, en la de sus amigos, entre los quería encontrarme. Y allí me plantaba horas con Sofía, largas charlas escuchándola mientras esperábamos la salida del médico, hablaba de Antolín, su Antolín, el nuestro. Conocí mucho más de él en esas guardias que hacíamos juntos, de su afición a la pesca, de su amor por las niñas, de sus ganas de vivir.

El accidente le arrebató un brazo, le dañó el hígado, los riñones, la piel, los músculos, pero no mermó su valor, su determinación, su cariño. Las quemaduras internas hicieron que sus órganos se hincharan, pero su corazón ya era grande antes del accidente, cuando despertó se deshizo por tranquilizar a todos, especialmente a su familia. Antolín es de una casta de personas que sólo conoces en los libros, los llaman héroes y yo lo conocí y marcó mi destino.

Seguimos en contacto todo el tiempo que estuvo de baja y aún después, coincidimos varias veces. En una ocasión, cuando ya había salido del hospital, me miró y me dijo: -gracias por todo-. Él no lo supo jamás, pero fue el momento culminante de mi carrera, donde supe que realmente mi trabajo era apreciado.

NO AL RECICLAJE

Aquí el abajo firmante a reciclado desde siempre, que no es una cosa nueva. Lo que ocurre es que ahora me han hecho cambiar de opinión, y es que una cosa es que tu lo hagas, aún a sabiendas que te cuesta dinero, y otra es que te chuleen. El pasado día diez fui como humilde borreguito al matadero -perdón al lugar de entrega- a recoger el cubito para el orgánico. Pues como digo, fui con mi mejor sonrisa para encontrarme a una señorita (dudo que tuviera 18 añitos) que me dice que debo recibir una clase de quince minutos, que me va a enseñar a reciclar -podría enseñar a su padre a hacer hijos-, le digo que ya sé de que va, y que haga favor de darme el cubito. Se negó. Bien, pues entonces es cuando de verdad me planteé el reciclaje.

Primero fue el contenedor de vidrio, venga separar vidrio. Después el papel y el cartón, venga, que no se diga. El tercero fue las latas. Total que ahora en toda cocina de buen vecino hay separador de pilas, el contenedor de las latas y envases, el del cristal, el de papeles y cartones, el del aceite usado y por su puesto el no va más, ¡tachán! el del orgánico, eso sin menoscabo del de toda la vida, porque hay cosas que no sabemos donde meter –bueno, si lo sabemos pero no se puede decir-, y encima cada año suben la basura.

Cuando yo era un chaval (hace veintipico treinta años) en casa no se tiraba ni un cristal, esto era porque el camión del repartidor pasaba una vez a la semana a reponer existencias, y los envases eran recuperables (cerveza, agua, leche, gaseosa, sifón, trinaranjus, cocacolas...). Bueno, sin hablar de las botellas de cava, el uno de enero íbamos los chavales de casa en casa a recogerlas, porque el trapero -aquel señor que iba con el carro recogiendo periódicos, revistas, plomo, cobre, etc- las pagaba a pela. Uno se daba un paseo por las calles y no veía deshechos, ¡los bosques como una patena!. Ahora vas a buscar setas y las más vistas son: el “cocacola llaunus” y el “botellus cervezorum” porque si es pesado reciclar en casa, ya no te digo en el campo. Y entonces se pasó del envase reutilizable al envase reciclable, total que ahora en una semana genero más vidrio que antes en un año, y ¿Porqué?. Por pasta, por la pela.

Me explico: Compra uno el envase -porque se lo cobran, igual que antes, pero después te lo abonaban- cuando gastas el contenido, lo almacenas en casa hasta que ya no te caben más, entonces lo llevas al contenedor –contenedores pagados con nuestros impuestos- lo transportan –empresas subvencionadas con nuestros impuestos- lo recuperan y te lo vuelven a vender. Ahorrándose el trabajo, ya que se lo hacemos nosotros, negocio redondo. Y encima cada año suben la basura.

Aún a sabiendas de esto, reciclamos –es que tenemos una vena masoquista- y lo aceptamos. La naturaleza y todo eso, ya saben. El tratado de Kioto –ese que los USA no cumplen, ni los españolitos, no crean- la madre naturaleza. Lo que en verdad me fastidia es que una niñata -van dos que lo digo- me chuleé, porque yo ya reciclaba antes que ella naciera, y lo molesto, no es que me obligara a ver el video (que no lo vi), es que sólo se lo hacía ver a quien quería, desconozco el criterio que usaba.

Antes, cada cuanto, tocaba sábado de limpieza. La señora María sacaba todos los trastos viejos y llamaba al trapero que venía a buscarlos enseguida –y a veces, hasta pagaba-. Ahora seleccionas el material y lo llevas en tu coche a la planta de reciclaje, donde te fichan –será para poderte cobrar más en el recibo de la basura- y encima les has de dar las gracias. Una vez se me ocurrió la brillante idea –para que vean que yo también peco de ingenuo- de llamar por que el contenedor estaba lleno, en verdad digo que es lo más parecido a una línea caliente –esa donde una señorita está al otro lado del teléfono según ella en ropa interior- y es que te cobran por la llamada –dos euros - y encima se olvidan de ti en cuanto cuelgas, eso si, se ahorran hasta la señorita, ya que te envían directamente a un contestador automático –para mí, que tienen convenio con telefónica- y encima cada año suben la basura.

Que no, que el reciclaje no es tan limpio, si no me creen, pásense por “El Pont de Vilomara (BCN)” y pregunten a sus vecinos, ellos podrán enseñarles el color amarillo adherido a sus casa del producto que están echando al aire los meapilas –perdón, los recuperapilas- de la fábrica allí puesta. Váyase usted a vivir al campo y respire el aire recuperado de las pilas, no sé si en el Pont de Vilomara también cada año suben la basura.

Así que hechas estas reflexiones, este exreciclador y ahora antireciclaje da recuerdos para la niñata -van tres que lo digo- y le agradezco el detalle de haberme hecho pensar. Después de haber tirado al contenedor normal, los seis kilos de pilas, el contenedor de latas –lleno- el contenedor de vidrio, la caja de las botellas vacías, la caja de reciclaje del papel y cartón y la botella de cinco litros del aceite viejo, me ha quedado la cocina es más grande – dos metros cuadrados, oigan- Por cierto, no sé si lo he comentado, el año que viene vuelve a subir la basura.